La intimidad insondable de Leslie Gabaldón.

por Pietro Daprano

La instalación El espejo que soy me deshabita elaborada en 2016 por Leslie Gabaldón,

es una trama discursiva que plantea esta artista mediante el recurso de la instalación

y a través de un concepto donde está entretejida la idea de la inspección interna, en

especial desde lineamientos que tiene que ver con el análisis del yo y la revisión de las

nociones de imagen e identidad. Para ello ha elaborado un conjunto de relaciones

reversibles en el baño de Dot Fiftyone Gallery, interviniendo las paredes, el piso y

algunos objetos propios del lugar y fijando sobre ellos una serie de imágenes, junto a

fragmentos de poemas de Octavio Paz y planos de color dorado que aluden al glamour

del período del barroco.

En esta ambientación Gabaldón transforma un espacio para la higiene física en un

ensayo de psicología profunda, una reflexión sobre la higiene pero en este caso

psíquica. A este respecto, destaca sobre las paredes la repetición del patrón de una

silueta monocromática con la forma de una mujer en actitud preocupada, imagen que

alcanza su mayor concentración en una línea de horizonte que se interrumpe por la

imagen dominante de un espejo, el cual ha sido elaborado mediante un “papel” con

cierta calidad de opacidad y donde surgen siluetas yuxtapuestas en acrílico brillantes

a su alrededor, con formas más o menos iguales a las estampadas en las paredes. El

espejo, que por naturaleza es capaz de representar con potencia cualquier fisonomía,

en esta propuesta funciona como un artilugio, una estructura de comunicación virtual

que involucra trazas de oposición y sobre todo cambios. Técnicamente, el material

empleado no es tan refractante como para reproducir el mundo circundante. El

recorrido que propone la solución externa del espejo, simula la secuencia de una

película, un elemento visual que deviene en exploratorio sobre las nociones del alter

ego.

Dentro de este mismo argumento fílmico, la condición refractante del material y su

desarrollo estético, acogen el deseo del reconocimiento del otro y advierten una clara

estrategia experimental elaborada por parte de la artista, quien denota su interés por

examinar el conjunto dinámico de características psíquicas que integran a una

persona y las capas de ilusiones sobre la realidad que le rodea y que la habitan. El

sentido de identidad y su retrato se asumen como una duda frente a este espejo.

La propuesta El espejo que soy me deshabilita contextualmente está planteada como

una herramienta de diagnóstico que pretende estimular la revisión de lo que sucede

en nuestro fuero interno. Verme desde adentro y desde afuera sin importar la

naturalidad o las capas superficiales que he añadido a mi fealdad o belleza, a mi

imagen, a mi forma. Es una mirada sobre los modelos de belleza versus sus relaciones

con el ego y con el yo corporal.

En este sentido y desde la frontera de los equilibrios y desequilibrios, la propuesta de

esta creadora emerge desde una polisemia entre realidad y alegoría, que despoja al

espacio de la sala de baño de la sentencia de su función original y lo constituye como

estrategia de mediación. Es una crítica a los modos empleados por muchas personas

para separarse del mundo real, un mapa cognitivo complejo que se llena de esplendor

en la experiencia particular. Gabaldón ha descompuesto en partes el espacio privado

de la sala de baño, para volverlo un umbral, un lugar extraño, un cuerpo en el espacio

donde acontecen resoluciones visibles que buscan explorar el desafío de la existencia

del otro y sus particulares sensaciones. Con soluciones estéticas que pueden pasar

desapercibidas, trabaja nuestros patrones perceptivos, generando nuevas escalas. Del

otro lado de la puerta, el espejo se ha vuelto metáfora, se hace un libro sobre mi

propia historia.

Pietro Daprano

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